Incendios

Hace una semana que tomé esta foto, cuando aún no se había declarado el terrible incendio en Doñana pero estaba muy reciente aún otro incendio de dimensiones humanamente más dolorosas, el de Portugal.

Posiblemente, quienes hayan provocado los incendios de Portugal y Doñana (o tantos otros) fueran personas como el hombre que sale en la foto. Alguien que piensa que pasar un día en el campo es relajante, sobre todo si nadie te molesta y puedes hacer lo que más te gusta: una barbacoa de estilo rústico, rodeado de árboles y con el río al lado, para pescar la comida que luego cocinarás en la lumbre. Y para terminar, disfrutar de la sobremesa tumbado sobre una esterilla y dormir una buena siesta mientras el viento te acaricia suavemente el rostro.

La persona de la foto me vio fotografiarle. Al pasar junto a él, le dije que “así se provocan los incendios” y, lejos de hacer un pequeño esfuerzo por comprender el peligro que suponía para él mismo y para las poblaciones cercanas, este señor me contestó diciendo que “podía estar tranquila porque no iba a provocar ningún  incendio, porque la lumbre estaba junto a unas piedras”. Entiendo que el buen hombre ignoró, no sé si intencionadamente, que su fuego ardía peligrosamente cerca de varios árboles y hierbas.

Seguí caminando y, pocos minutos después, a la vuelta, pude comprobar el hombre había apagado el fuego y desaparecido, tal vez con las prisas que le debió provocar pensar que podía (y debía) denunciarle ante la Guardia Civil. Eso sí, se fue dejando restos de basura en el lugar, los cuales, por si no había quedado claro con su actitud previa, delataban su poca conciencia social y ecológica.

No llegué a denunciarle. No sé si hice bien o no, pero mi intención no era hacerle daño y, si se había apresurado a apagar el fuego y marcharse, quise entender que se había dado cuenta de su tremendo error.

Confío en que haya tomado conciencia de lo peligroso de su acción y, en adelante, no la repita. Confío también en que cada vez más personas se den cuenta de cuánto necesitamos cuidar lo que tenemos si no queremos perderlo.

La naturaleza que nos rodea es un regalo que podemos disfrutar sólo si mostramos respeto: por la propia naturaleza, por la sociedad en que nos movemos y por nosotros mismos.

 

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