Los vaivenes de la vida

Siempre me tuve por una persona dócil y flexible, adaptable a las circunstancias más o menos cambiantes que pudieran afectarme en un momento determinado.

Y según me voy haciendo mayor, esas circunstancias parecen empeñadas en hacerme cada vez más consciente de lo insignificante que es el ser humano y lo poco que puede hacer para imponer su voluntad cuando, en realidad, nada o poco depende de uno mismo.

No sé si una persona puede llegar a ser completamente madura, ni lo que eso significa en su totalidad. Sólo sé que, en mi caso, madurar implica ser cada vez más flexible, más adaptable, aceptar todo aquello que no puedo cambiar y trabajar sobre lo poco que sí puedo cambiar, generalmente dentro de mí porque lo exterior se empecina en demostrarme que no me pertenece y, como un niño descarado, me saca la lengua y se ríe de mí cada vez que pretendo medir mis fuerzas con él y demostrarle que puedo dominarlo.

Dicen que, a medida que una persona se hace mayor, se vuelve más improbable que acepte cambios, necesita más seguridad en su vida y es más difícil que cambie su carácter y su visión de las cosas. Y por lo que observo, en esto también debo ser el “bicho raro” que siempre intuí que era.

No es que sienta que me he rendido y me dejo arrastrar por las olas y los vientos (a veces huracanados), sino que me voy dando cuenta de que, a medida que acepto los cambios que de alguna manera me vienen impuestos y me adapto a ellos, poniendo mi energía en ser feliz a pesar de que no parezca tener control sobre mi propia vida, en realidad voy adquiriendo una serenidad que me permite ver todo, dentro y fuera de mí, con otra perspectiva, más amplia y profunda a la vez. Es lo que los antiguos cabalistas dirían sobre los planos de manifestación o, lo que viene a ser lo mismo, los niveles de comprensión: a medida que se profundiza en la visión y comprensión de las cosas, también se amplía el conocimiento sobre las mismas.

Tengo la sensación de que aceptando y permitiéndome descubrir lo que la vida tiene para mí, consigo comprenderme mejor y comprender mejor el mundo en el que vivo y eso me hace sentir bien conmigo misma, a pesar de las circunstancias, de la inestabilidad personal y social y de las dudas puntuales que de vez en cuando tratan de hacerme vacilar. En resumen, puedo decir que soy y me siento comedidamente feliz, precisamente gracias a no ser “dueña” de mi vida.

2 comentarios sobre “Los vaivenes de la vida

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