Hoy tocaba poesía, pero…

…aquí va una reflexión.

Supongo que hoy (o en los próximos días) se producirán innumerables comentarios a colación del terrible atentado de Niza. Me consta que habrá personas más y mejor informadas que yo, por lo que pido disculpas de antemano en caso de que lo que diga a continuación no sea exacto o apropiado, total o parcialmente.

A través de los medios de comunicación, los periodistas nos dan puntual cuenta de todo lo que ocurre y sobre cualquier nuevo descubrimiento que hace la policía, así como de las reacciones políticas y sociales, generalmente de repulsa. La reflexión que yo me planteo va más encaminada a preguntarme si, realmente, esta difusión es mera información o puede tener alguna connotación de manipulación, intencionada o no.

Me explico. Estaba hoy comiendo en un bar el menú del día y tenía frente a mí una tv en la que se sucedían imágenes del atentado, de dirigentes políticos efectuando las, por desgracia, habituales manifestaciones de repulsa sobre el mismo y de apoyo y solidaridad con las víctimas, de la policía francesa investigando, etc. Al pie de dichas imágenes se repetían con cierta cadencia algunos titulares que, se suponía, tenían relación con las imágenes. Sin embargo, la tv no emitía sonido alguno, por lo que pude dedicarme a observar, simplemente, todo lo que acabo de enumerar.

Es curioso cómo se repetían una y otra vez las mismas imágenes y los mismos titulares de modo que, aunque uno no escuche el audio, le queda bien grabada la idea de un atentado terrorista de Daesh, perpetrado por un hombre joven de nombre y origen musulmán, contra ciudadanos franceses que en nada se parecían a él, pues los que aparecían en las imágenes eran, al menos en su mayoría, de raza caucásica.

Por supuesto, luego llegaron los carteles con  la información aplicada a España, porque de alguna manera tenemos que atraer la sensación de peligro, cuanto más cerca mejor, para subir la intensidad emocional.

Es curioso cómo el silencio nos proporciona un punto de vista diferente del que nos ofrece el sonido. Si hay silencio, al menos para mí, resulta más fácil desarrollar un pensamiento propio sobre lo que se observa. Y, en este caso concreto, he llegado a algunas conclusiones: por un lado, hay algunos seres humanos profundamente enfermos por un odio que no nos es ajeno, puesto que es muy posible que nosotros mismos lo fomentemos con nuestro afán de presentarnos ante el mundo como lo mejor y haciendo evidente que, en contrapartida, todo lo que no se identifique con nuestra forma de ser, pensar o manifestarnos, es peor y, sobre todo, haciendo caso omiso a quienes claman por nuestra ayuda y sólo obtienen miradas de desdén de nuestros dirigentes; por otro lado, tengo la sensación de que el discurso de solidaridad, si bien debe ser confortador para las víctimas cuando les llega desde sus círculos afectivos más cercanos, no deja de tener un cierto tono hipócrita y publicitario a partes iguales cuando proviene de aquellos que nos gobiernan porque, mientras hacen como que les importan las víctimas y les horroriza lo ocurrido, en realidad sólo buscan aparecer en los medios de comunicación cumpliendo con lo que creen que esperamos de ellos (en algunos casos, esta observación podría aplicarse a otras personas sin cargos públicos); la siguiente reflexión me lleva a pensar que sólo alguien que haya vivido algo parecido puede comprender realmente a las víctimas y sus familiares, y sus sentimientos en estos momentos; finalmente, he pensado en que, según suele ocurrir en estos casos, caben esperar actos institucionales llenos de palabras y gestos grandilocuentes en los que se homenajeará a las víctimas como si fueran héroes y, posteriormente, se les recordará cada cierto tiempo para no dejar que las heridas se olviden.

Desde el silencio que me proporcionaba la tv caí en la cuenta de que todo esto es un “montaje” de una humanidad que necesita ver las cosas en blanco y negro y, si los llamados “terroristas” son los malos, nosotros debemos ser los buenos, así que tenemos la obligación de recordárnoslo y de recordárselo, no sea que a alguien le dé por pensar que tal vez las cosas de este mundo que habitamos no son sólo blancas y negras y que podemos ver otros colores.

Con la distancia del silencio puedo pensar que, tal vez, las mentes enfermas no sean sólo las de los terroristas, sino las de los que se empeñan en llevarnos como corderitos a odiarles por las atrocidades que cometen, cebando el círculo vicioso de odios, prejuicios, violencias y muertes. Que sí, son actos horribles, pero el odio crecido y desenfrenado sólo genera más odio con el que seguir destruyendo hogares, países y sociedades, vidas, al fin y al cabo.

Con el corazón roto, por las víctimas y por el resto de los humanos que seguimos tratando de comprender en qué consiste ésto de vivir y morir, aquí o en Sebastopol (como diría mi antigua profesora de 6º de E.G.B., la señorita Mari Luz), os dejo una de mis canciones favoritas y que considero imprescindible escuchar en este preciso momento: “Imagine”, de John Lennon.

Descansen en paz todas las víctimas de violencia, sea del tipo que sea y por el motivo que sea, en cualquier parte del mundo. Ojalá seamos capaces de superar el odio, con Amor, y erradiquemos sus consecuencias.

2 comentarios sobre “Hoy tocaba poesía, pero…

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