Etiquetas

Con motivo de la celebración del día del Orgullo Gay, hace unos días reflexionaba sobre cómo el ser humano depende de las “etiquetas”. Yo misma llevo y pongo etiquetas constantemente, aveces incluso sin darme cuenta, positivas o negativas según las circunstancias.

He llegado a la conclusión de que las “etiquetas” no son más que prejuicios que aprendemos a crear y asumir incluso en nuestra más tierna infancia, dentro de las propias familias. Más tarde, se transforman en eso que podemos llegar a considerar indispensable para nuestra existencia y que nos colocamos (o nos colocan) como parte de lo que nos define. Aunque más bien debería decir que nos limita, alejándonos de lo que somos en realidad.

la cuestión es que, cuando ese prejuicio/etiqueta nos parece positivo, lo aireamos con alegría y orgullo, mientras que, cuando nos parece negativo, lo repudiamos o incluso lo reprimimos. Es curioso observar cómo, ante una misma “realidad”, según nuestras creencias y nuestro entorno, hay quienes la pueden considerar como algo positivo y quienes la verían como algo negativo.

Una de las tendencias que no termino de comprender es la que se ha impuesto desde ya hace unos años sobre “lo políticamente correcto”. ¿Quién ha decidido lo que es correcto y lo que no? ¿Por qué unas creencias son más válidas que otras? ¿Por qué nos cuesta tanto acercar nuestras posturas cuando son distintas o, mejor aún, aceptar las posturas que no coinciden con las propias?

Hace años, Jaime Villarrubia, mi maestro de Cábala, nos instó a realizar en clase un ejercicio de meditación en el que cada quien se visualizaba a sí mismo y se iba desprendiendo de todo lo que nos rodeaba (paredes, Tierra, espacio). Para finalizar el ejercicio, tomábamos conciencia de que llevábamos una túnica que simbolizaba el nombre que nos habían dado nuestros padres, y también nos desprendimos de ella.

Sólo quedaba la esencia de cada uno ante el infinito y resultó una experiencia sorprendente y liberadora. Por un momento sentimos que nos habíamos quitado todas las etiquetas que llevábamos cargando desde el día de nuestro nacimiento y pudimos sentir que nos quitábamos un gran peso de encima.

Por desgracia, terminamos el ejercicio y todas las etiquetas cayeron de golpe sobre todos y cada uno de los asistentes… Aunque siempre tendremos el recuerdo de esa toma de conciencia y la posibilidad de traerla a nuestro presente si somos capaces de desearlo sinceramente.

 

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