Apegos

Todos sentimos apegos a lo largo de nuestra vida, ya sea a personas, a lugares, a animales o a cosas y es algo que solemos percibir como normal a nivel personal o social, a veces incluso imprescindible.

Cuando estamos cómodos con ellos, podemos disfrazar los apegos de afecto, como cuando decimos por ejemplo “esta casa me trae muchos y buenos recuerdos”. Otras veces,  los camuflamos como necesidad (“necesito a mi familia cerca para ser feliz”).

A nivel semántico, la RAE dice que apego es “afición o inclinación hacia alguien o algo”. Por nuestra parte, si diseccionamos la palabra (ap-ego) y analizamos sus partes, encontramos el sufijo de origen griego “ap” que se puede traducir como “por medio de”, y una segunda parte que es en sí misma una palabra (“ego”), en este caso de origen latino, que simplemente significa “yo”.

Podríamos decir, entonces, que tener o sentir “apego” por algo o alguien es una forma de llevar a nosotros mismos hacia los demás, de unirnos con ellos casi hasta confundirnos y, en cierto modo, desaparecer un poco en ellos.

Los apegos nos dan seguridad en esos momentos en los que no tenemos mucha confianza en las propias fuerzas. Nos permiten crearnos un mundo alternativo en el que las cosas, la realidad aparente, es distinta y, a veces, incluso mejor de lo que es en verdad.

Tener apego, como todo, está bien hasta cierto punto: es decir, mientras sea una forma de crecer y sentirnos mejor. Sin embargo, suele ocurrir que un apego deje de cumplir su función positiva y se convierta en un lastre, y entonces se nos plantea la necesidad de tomar una difícil decisión, teniendo que elegir entre seguir apegado a algo que nos está mermando, o cambiar para poder crecer.

Lo curioso es que yo siempre había creído que los apegos eran cosa exclusiva de la persona, pero ayer aprendí que también existen apegos sociales, como ha ocurrido con las elecciones.

Ocurrió cuando vi un chiste gráfico en el que se podía leer “si los españoles fueran dinosaurios, votarían al meteorito”. Es triste pero cierto, y no porque haya ganado el PP de nuevo, sino porque como sociedad no somos capaces de hacer las cosas que necesitamos hacer para ser mejores y crecer, nos quedamos enganchados a “las tradiciones” y al famoso refrán “más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer”.

Como española, me entristece esta actitud que en mi vida no tiene cabida. Como ser humano, sigo confiando en mis congéneres y en que, algún día, seamos capaces de desapegarnos a nivel de sociedad de aquellos lastres que nos impiden evolucionar hacia la felicidad.

Foto: Gilberto Segovia Martín

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

Blog de WordPress.com.

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: