La enfermedad como camino

Este título no es idea mía sino que lo he tomado prestado de un libro, publicado por primera vez hace ya unos cuantos años y bien conocido en los círculos del crecimiento personal y de la búsqueda espiritual, porque siempre me ha invitado a hacer un examen personal de lo que la enfermedad ha significado para mí desde que era niña.

Recuerdo cómo una vez, siendo adolescente, medité sobre la idea de que los seres humanos teníamos la capacidad de no enfermar si así lo decidíamos. En realidad, tuve la certeza de que así era o, mejor dicho, es. Sin embargo, desde simples resfriados hasta problemas genéticos, diversas enfermedades se han empeñado en llevarme la contraria durante todo este tiempo y, esta “realidad” me frustró durante muchos años.

En cualquier caso, puede que sea por este motivo que, desde aquella reflexión, me ha interesado sobremanera en mundo de la salud aunque nunca por medios oficiales. Así, por ejemplo, llegué a estudiar las Flores de Bach y conecté profundamente con su filosofía, que busca potenciar la capacidad de autosanación, inherente al cuerpo humano, y procura la mínima intervención externa, que siempre resulta más agresiva. También aprendí del Dr. Bach que no existen las enfermedades propiamente dichas, sino las personas enfermas, lo cual implica un gran potencial psicosomático en el origen de las enfermedades (según él, dos personas pueden tener la misma enfermedad por motivos diferentes).

Tiempo después, Louise L. Hay, la escritora norteamericana, tuvo una serie de experiencias personales que le llevaron a desarrollar una teoría semejante a la del Dr. Bach, aunque difiere de ésta al considerar que hay un mismo conflicto psicoemocional en el origen de una enfermedad determinada, independientemente de las circunstancias sociales, económicas o culturales de la persona. Personalmente, me inclino más por la visión del Dr. Bach porque, como dijo Ortega y Gasset, el hombre es él y sus circunstancias.

Durante estos años de búsqueda también he podido experimentar y aprender otras terapias que nos acercan al origen psicológico y/o emocional de nuestras enfermedades, conflictos o desequilibrios energéticos (PNL, masaje metamórfico, Terapia Lumínica y Yoga Lumínico, quiromasaje o Layasónica) y he podido experimentar los efectos de estas terapias tanto en mí misma como en aquellas personas que se han acercado a mí.

Es obvio que la ciencia y la medicina oficiales han permitido que la Humanidad avance muchísimo a lo largo de la Historia, abriendo caminos y despejando mentes. Sin la medicina alopática, muchas enfermedades que hoy pueden considerarse leves o crónicas, seguirían siendo mortales, por lo que debemos estar profundamente agradecidos a todos los que han dedicado sus estudios y sus vidas a mejorar las nuestras.

No obstante, cuando se trata de resolver el verdadero problema, ir al origen de la enfermedad, y siempre que nuestra vida no corra peligro, tal vez podamos permitirnos ahondar en nuestros pensamientos y en nuestras emociones para sanarlos y evitar que la enfermedad, una vez curada, vuelva a nosotros. En este sentido, las terapias alternativas, que tratan al ser humano y a las enfermedades desde un punto de vista holístico, pueden darnos las claves para ir resolviendo nuestros conflictos poco a poco.

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