Económicamente humanos

En este reciente artículo, publicado el pasado 11 de abril en El Periódico, Jordi Évole hace una interesante reflexión sobre cómo el humano concepto de “lo mío es mío y de nadie más” es, además de egoísta, hipócrita, ateniéndonos a la falsa y doble moral que parece tener la economía actual. Dice el periodista, demostrando tener buen conocimiento de la naturaleza humana, que cuanto más rica es una persona menos desea que su riqueza se disperse y, menos aún, que sea compartida con otros que tienen menos y, por tanto, busca la manera de evitar pagar los impuestos que le corresponderían. De este modo, personas con menos recursos se ven obligadas a cumplir con dichos impuestos con el fin de cubrir las necesidades colectivas.

Desde mi punto de vista, esto no es un problema de ricos contra pobres o de egoístas contra generosos (ni viceversa), sino más bien un tema de conciencia por ambas partes. Es un problema de fuerzas: cuanta más fuerza emplea un sector para hacer valer su posición, el otro sector, creyéndose su contrario, aplica la misma fuerza en conseguir exactamente lo contrario. Así, ambos sectores demuestran “pecar” del mismo problema, ya que sólo están pensando en su propio lado de la realidad.

Hay un interesante movimiento en la actualidad cuyo pensamiento principal promueve la economía del bien común. Si lo observamos con detenimiento, eliminando aspectos y palabras superfluos, nos daremos cuenta de que no es más que la antigua idea de la que ya hablaron antiguos pueblos y hombres como Buda, Moisés, Jesús o Mahoma, adaptada a nuestro tiempo y a nuestro lenguaje y con ideas que ayudan a ponerla en práctica desde el mundo de la empresa y la economía.

Hace unos años, en casa de una amiga, tuve una intensa discusión sobre las bondades y maldades de los actuales sistemas económicos, conocidos como capitalismo y comunismo, con otro amigo suyo que terminó por increparme “entonces, si el capitalismo no es un buen sistema económico, ¿lo es el comunismo?” Yo le respondí que tampoco creía en el comunismo como sistema económico adecuado para los seres humanos pero que, por desgracia, ambos sistemas eran lo mejor que habíamos llegado a desarrollar. En aquel momento afirmé que estaba convencida de que debía ser posible algún sistema económico mejor, pero que aún no lo habíamos descubierto… Y alguna mente maravillosa, en alguna parte del planeta, tuvo la misma idea y la desarrolló.

Ojalá la Economía del Bien Común crezca y sea un medio más por el que el ser humano pueda avanzar en conciencia y unidad.

Foto: http://www.elversiculodeldia.com/

 

 

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