La princesa que quería ser “otra cosa” (2/3)

…La princesa escuchó una voz que respondía “soy yo”, pero no veía a nadie cerca y, aunque sentía que estaba apunto de desmayarse, siguió preguntando: “¿Quién ha dicho eso?” Y la voz respondió de nuevo: “soy yo, el árbol por el que estás trepando”.

La princesa quiso bajarse del árbol pero en realidad se cayó, dándose un golpe de tal envergadura que apunto estuvo de olvidar la extraña voz, ocupada en aliviar las magulladuras. Al poco, recordándola, se puso en pie y observó al árbol, un tanto recelosa. Miró hacia arriba, tratando de alcanzar con la vista las ramas más altas. También se entretuvo en examinar las raíces y un pequeño hueco que había hacia la mitad del tronco, posiblemente fruto del trabajo de algún pequeño pájaro. Nada, ni rastro del autor de las palabras que había escuchado. ¿Se lo habría imaginado? Con lo sola, hambrienta y cansada que se sentía, no le extrañaba tener alucinaciones.

Ya empezaba a tranquilizarse cuando la voz volvió a hablar: “¿por qué no dejas de quejarte? a pocos pasos de aquí crece una zarza y podrías calmar tu hambre con sus sabrosas moras…” La princesa abrió los ojos como platos y, tras un instante en el que apenas ni respiró, consiguió responder: “¡e-e-eres un árbol!”.

El árbol respondió: “pues claro que lo soy, y no sé por qué te extraña tanto; al fin y al cabo yo no me sorprendo de que tú hables… anda, come un poco y, cuando se te pase el susto, seguimos charlando si quieres”. A la princesa le pareció que el árbol sonreía y hasta le hacía un guiño así que, aún impactada, siguió el consejo y se dirigió a la zarza donde prácticamente devoró las moras. Efectivamente, ¡eran deliciosas!

Poco después, al verla ya más tranquila, el árbol decidió que era buen momento para reanudar su conversación y comenzaron una interesante charla en la que, tras asegurar a la princesa que, por extraño que a ella le pareciese, su capacidad para hablar no provenía de un encantamiento, le explicó: “todos los seres de la Tierra podemos hablar, pensar y sentir, pero los seres humanos sois tan prepotentes que os creéis los únicos con estas facultades simplemente porque los demás seres no nos expresamos de la misma manera que vosotros”

 

 

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